La teoría del color combina ciencia y estética, pero a menudo se enseña con simplificaciones que generan malentendidos. Un buen punto de partida es reconocer que los colores no se crean de manera estática; su percepción depende del contexto, la iluminación y la interacción con otros tonos. Esta comprensión básica aclara por qué las combinaciones que funcionan en una pantalla pueden fallar en la impresión.
Además, la teoría tradicional se basa en modelos cromáticos como el círculo de Riemann y el espectro RGB, pero existen variantes como el CIE y el modelo CMYK que influyen en la producción visual y en la impresión. Entender las diferencias entre estos sistemas ayuda a evitar errores al transferir una imagen desde la pantalla a un medio físico. También es crucial saber que el color se interpreta de manera subjetiva y culturalmente variable.